El corazon el musculo impreciso el espiritu el pensamiento mas prufundo el alma el deseo mas grande y el recuerdo el pesar mas intenso /// ce mi oscuridad y yo cere la luz ce mi sol y yo la luna ce mis tinieblas y yo el lucero yo dare mi cuerpo y tu seras las alas la cortada mas profunda y sangrante que he tenido sucedio cuando me besabas y fue que al abrir mis ojos tu me veias fijamente
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lunes, 16 de mayo de 2011

EL ZEXO SIN AMOR (experienzia vazia)"""" HeteroZexual gay y lesviko


¿Es necesario estar enamorada y que él lo esté para vivir una pasión sin límites?
No siempre amamos a quien deseamos, ni deseamos a quien amamos. Y esto a veces crea un cierto mal de conciencia. Pero, ¿acaso no se puede disfrutar de la sexualidad sin que haya un compromiso de por medio? Las opiniones son muchas, y tan diferentes... Pero la opción ha de ser tuya.




La problemática del sexo, como fuerza irrefrenable, ha pasado del más severo de los controles a la más bella de las satisfacciones. Muchas veces el camino hacia el sexo es lo más parecido a una carrera de obstáculos, pero esta vez, morales. Y es que a veces parece que el amor da al sexo una especie de cubierta ética que hace que la vida sexual pueda vivirse sin culpas. Esa moralidad está constituida por un conjunto de normas que nos dicta lo que está bien hacer y lo que está mal.


"Definitivamente está mal tomar al otro como objeto sexual", nos dictan las convenciones culturales y sociales. Pero llegado el momento de la intimidad ¿quién podría afirmar si es sujeto u objeto de deseo? ¿No se es, acaso, las dos cosas al mismo tiempo? El deseo por lo que está por venir Dejarse seducir es un pasaporte a la aventura. Como todo viaje a lo desconocido, implica riesgos y limitaciones a las que una se expone.



Abandonar el miedo y dejarse conducir por los territorios inexplorados del erotismo, propio y ajeno, es posible tanto entre un matrimonio como entre un hombre y una mujer que se acaban de conocer. El deseo aparece cuando no se conoce lo que está por venir. Descubrir el secreto que se esconde debajo de los atuendos cotidianos es una invitación al placer. Es tomarse vacaciones de la realidad, y dar lugar a las fantasías.



Cuando se produce un encuentro con un desconocido lo previsible queda absolutamente de lado, nada sabemos de ese otro: sólo que nos resulta atractivo y nos provoca ese "extraño cosquilleo".
¿Quién pude negar la jovialidad que imprime en nuestro ánimo sentirse deseado por la persona que nos gusta? Se necesita un poco de suspenso, aceptar el desconocimiento de esa "verdad" que será revelada en unos momentos. Esperar con ansias el instante de la revelación, de la experiencia mística de lo extraño





¿DISFRUTAN ELLAS EL SEXO SIN AMOR?

“El sexo sin amor de por medio, te sirve y es de suma utilidad en algunos momentos en que no quería saber de compromisos o líos extraños. Yo después de terminar una relación de seis años, tuve dos encuentros diferentes de sexo sin amor y te digo que los disfrute bastante porque al ser sólo placer como que se intensifica la cosa.




Yo lo recomendaría en esas situaciones, te sube hasta el autoestima”, revela Gloria de 26 años, soltera, quien acaba de salir de una relación sentimental estable. En su caso el sentimiento de vacío no existía porque tenía claras las cosas desde el comienzo: “solo placer”.

¿Por qué unas disfrutan y otras no?
La respuesta a las distintas posturas debe tener tantas respuestas como mujeres existen, sin embargo, la reflexión de la diputada socialista española, ex ministra de Cultura y escritora Carmen Alborch, da una luz al respecto. Para ello cita las declaraciones de Carlos Castilla del Pino a El País, en las cuales afirma que en la cultura masculina "el sexo tiene un carácter más compulsivo, quizás porque tenemos erección. Al menos es más visible. La cultura masculina es de exterioridad, la presunción juega un papel importante, mientras que la femenina es de intimidad". Asimismo, pone énfasis en las confesiones de la antropóloga norteamericana Leanna Wolfe "Mi cabeza no podría admitir sexo sin amor, y si de alguna manera se aproximaba lo rechazaba".




Pero ojo, Alborch, autora del libro “Solas” asegura que no todas ven las cosas como Wolfe. “Hay mujeres que pueden separar el sexo del amor, piensan en satisfacer sus propios deseos y creen que combinar sexo con amor es una mera construcción cultural y no una práctica universal. Igualmente, hay mujeres que tienen miedo a las emociones y eluden las situaciones o las relaciones que pueden hacerla sentir víctimas de la necesidad de poseer o ser poseídas. Me contaba recientemente una amiga que, cuando hacía el amor y funcionaba bien, se sentía poseída y se venían abajo todos sus planteamientos, porque notaba el poder masculino y ello la convertía en una mujer dependiente, incluso sumisa. Perdía autonomía.


Por el contrario, algunas mujeres declaran que necesitan afecto y conexión emocional, y consideran el sexo ocasional peligroso y no demasiado divertido. Entonces, ¿por qué hacerlo? De una u otra manera llegan a la sublimación por medio del trabajo, el compromiso político o la vida intelectual, descargan energías a través del ejercicio físico”, explica en una teoría bastante lógica.


Lo claro es que las mujeres tampoco piensan igual todo el tiempo. Pasan por etapas en que su autoestima es más o menos buena y de acuerdo a ello actúan, sienten y quieren. Pero, el sexo sin amor –casual- ya es parte de la experiencia femenina, el cómo se sientan frente a él guarda directa relación con la etapa de la vida en la que se encuentran.










A los gays ¿les gusta el sexo sin amor?
¿Nuestras generaciones son más propensas al sexo sin amor? ¿Es una práctica común hoy en día? ¿Somos completamente capaces de separar el amor del mero acto carnal? Esas y otras cuestiones me atañen a raíz de concentrar mis pensamientos en el tema.






Que si cuando ligamos nuestros primeros pasos nos dirigen al sexo (entiéndase sexo como relaciones sexuales). Que, si de tanto salir e intimar con nuestro ligue, la posibilidad de entablar relaciones sexuales desaparece antes de insinuarse. Que si entramos al juego del sexo por placer y perdemos al enamorarnos, o lo jugamos tanto como para perder la capacidad de sentir amor. Incluso, jugamos a querernos enamorar sin pensar siquiera en sexo… ¿Así o más complicado?

Para algunas personas el amor y el sexo son indisociables. Otras describen las relaciones como una necesidad fisiológica más; una forma, entre muchas otras, de comenzar una relación humana (amorosa o no); incluso hay quienes se refieren a ellas como una actividad innecesaria del ser humano (Aja…).




Sabemos de sobra lo importante de la sexualidad. Somos seres sexuados y no se trata sólo de nuestra capacidad de reproducción, sino de las formas de expresar nuestra vida entera. Por medio de la sexualidad dejamos ver de nosotros mucho: personalidad, sentimientos, actitudes, gustos y disgustos, etc.

Queda claro entonces, las relaciones sexuales no son innecesarias, sino todo lo contrario. Ahora bien. ¿Cuando las tenemos estamos únicamente satisfaciendo una necesidad fisiológica? Aunque habrá quien lo afirme, ejercer nuestra sexualidad es mucho más. He ahí el problema con el amor y el sexo, pues, la mayoría de las veces (más las féminas que los varones, tema que da para otra colaboración), tenemos relaciones y amamos o nos enamoramos al mismo tiempo.




No para todos la opción es dejarse al placer, pues en ello se van embarrados los amores. Sin embargo hay quienes, con menos complicaciones, llevan plenamente sus relaciones sexuales, parcial o totalmente separadas de los sentimientos amorosos. Se vale, por qué no. Cada quien sabe por donde se cuelan sus pulpas, y si para algunos(as) lo mejor es separar el sexo del amor, fenomenal. Habremos de ver después los resultados de ese estilo de vida, aunque dudo sea nutritivo o enriquecedor en otro ámbito, además del sexual.



Pero ¿cómo entender y reaccionar ante estas circunstancias cuando nos toca vivirlas? Estamos inmersos en esa posibilidad más que nunca. Hoy, en el estreno encontramos la satisfacción; es un pecado aburrirse y entre más consumimos (porque todo, incluso nosotros, somos mercancía) más queremos y, conocemos gente en los perfiles de Hi5 o Myspace con increíble facilidad. Tener sexo sin amor, hoy es más probable. Tal vez hasta común. Sin hacer de ello por lo tanto una norma, una moda o una regla de la vida.



Se trata pues de comunicación con nuestras parejas. No hay más. Así de simple. La fórmula para saber si estamos propensos a tener sexo sin amor es: escuchar y ser escuchado. Podemos ser excelentes amantes, amigos o vecinos, pero jamás adivinos. Por lo tanto preguntemos de las necesidades del otro(a) y expresemos las nuestras. Así, aclarar si andamos en busca de una relación estable, donde además de sexo queremos amor, es la clave para acercarnos o alejarnos de las relaciones sin afecto. Al hablar, establecemos acuerdos mutuos con nuestra pareja para determinar aquello que nos complazca y complazca al otro(a), es decir, si estamos o no de acuerdo en entablar una relación de sexo sin amor.


Para finalizar esta colaboración, me queda decir un par de cosas. El sexo es para todos como todos son para el sexo (léase la frase con todas sus posibilidades interpretativas). Se vale tener relaciones sexuales sin amor, por supuesto, lo que no se vale es jugar con los sentimientos de nuestra pareja; por ello es fundamental la comunicación previa. Y si ya estás metido(a) en estos líos, un consejo se me ocurre decir: cuando el caso es que el (la) enamorado(a) eres tú, no sabes ciertamente si eres correspondido(a) y ya tuviste más de una relación sexual con tu pareja; considera darle fin al enredo. Seguramente es lo mejor para ti, y digo para ti porque si tu pareja no se ha tomado la molestia de preguntarte cómo te sientes y qué piensas, es que probablemente lo único que buscaba en ti era sexo.

Cuando el caso es que, con quien sales lo único que te enloquece es las hormonas, lo mejor es la honestidad. Dile la neta, que sólo te interesa un free "buena onda", acá, rico, tal vez romántico, pero nada más: tienes de dos sopas, te dice que sí y franquean sensacionalmente o, te da las gracias y pasa. Es duro, lo sé, pero mucho mejor que las mentiras y los gatuperios, causa posterior de heridas profundas en el corazón.



Y, si lo tuyo es experimentar, pues adelante. ¡A coger y mamar que el mundo se va a acabar! Nada más ten presente las reglas, no jodas si no quieres ser jodido. La ley de herodes aquí no encaja. Usa siempre condón para prevenir las ITS o embarazos. Y, si sientes que el amor toca tu puerta y con quien te acuestas no despierta del encanto tibio de las sábanas, entonces no la abras más que para poner el letrero de "No molestar, hoy no requiero servicio al cuarto". Así ninguno sale herido. Retírate a tiempo.



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